PITA

Escrito por: Cardelino Chipe

Cuando la conozcas y si tienes suerte de encontrarla con el cabello suelto, la reconocerás casi de forma inmediata. Su cabellera negra, china y esponjada la delata. Aunque su tez es morena no te confundas, sus raíces se encuentran en el Istmo, en la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza. Esa tierra que ha visto nacer a talentosos pintores y músicos. Su nombre es Guadalupe Velázquez Calzada, pero la mayoría la conoce como Pita (por Lupita).

Hace tiempo surgió la idea de iniciar un proyecto; crear productos con material reciclado, como la madera de mar. Nació como una idea de negocio, pero poco a poco se ha ido transformando y, con la idea, también ella. ¿Quién imaginaría que con pedazos de madera podría darle vida a otras cosas? La madera no es un tema novedoso en la existencia de Pita, puesto que su padre era carpintero. Ella recuerda con nostalgia que su padre no quería que estuviera en su taller, ¡qué iba a hacer una niña jugando entre sustancias tóxicas! Sin embargo, desde entonces sentía curiosidad por ese oficio.

Han pasado varios meses desde que inició el proyecto de un taller que abrirá próximamente y, orgullosa describe definiendo su actividad como el diseño de piezas reutilizando diferentes materiales como la madera de mar, el vidrio de mar o de botellas recicladas, la corteza de palma, entre otros. Su trabajo es conocido por algunos locales de Huatulco y extranjeros y, aunque a algunos les parece una actividad muy sencilla que “casi cualquiera puede realizar”, para otros es un placer ver hasta dónde llega la imaginación de Pita para diseñar nuevas piezas. Los comentarios poco halagadores no los considera como algo personal, sino más bien            como parte de la diversidad de opiniones, además, no todos tienen conocimiento del proceso que conlleva una pieza. Por otro lado, las felicitaciones que recibe son una motivante para seguir creando y sobre todo porque a través de su trabajo puede brindar felicidad a otros.

Pita comenta que para la recolección de madera, el primer paso es esperar la temporada de lluvias, así que antes de realizar algún otro veredicto acerca de la dificultad de su trabajo, una tarde la acompañé a recolectar madera en la playa. Al llegar fue una sorpresa ver tantos troncos y pedazos de madera al mismo tiempo, pensar que la naturaleza había arrojado todo aquello. Había troncos de casi todos los tamaños. Y así empezamos a buscar. Pensé que no demoraríamos ya que había una considerable cantidad de madera, pero la actividad no consistía en recoger cualquier madera, sino específicamente ciertos troncos.

A ratos miraba a Pita y se veía pensativa, le pregunté en qué pensaba y qué buscaba en cada madera, me respondió que se imaginaba en lo que el tronco podría convertirse. También reflexionó acerca del poder de la naturaleza, porque para tener alguna de esas maderas en sus manos, ese trozo estuvo antes en otro lugar, perteneció a un árbol y tiene una historia… Me agradó su respuesta, imaginé ese tronco rodando con otros, pasando por diversos terrenos, entre lodo, agua, arena, lluvia y quizás más. Es verdad, cada madera tiene su propia historia y es casi imposible conocerla. Después traté de imaginar el uso para cada tronco que recogía y, a decir verdad, fue una actividad relajante; por un lado el estruendo potente de las olas, la brisa veraniega y el contacto con la naturaleza, hicieron esa tarde algo especial.

Posterior a la recolección, es necesario lavar la madera y dejarla secar para enseguida trabajarla en el taller. Pita dice que su taller es como un laboratorio, es un espacio muy preciado para ella, es el lugar ideal para hacer pruebas y aunque no siempre funcionan, vuelve a intentar hasta conseguir un producto del cual se sienta satisfecha. Para crear alguna pieza se inspira en su alrededor, principalmente en la naturaleza, intentando transmitir no sólo la conciencia de reutilizar materiales, sino también reviviendo en las personas sus experiencias en el mar. Con una mirada firme y franca afirma que aun viviendo en la ciudad, alejado del mar, en ocasiones la mente nos regresa a ese sitio en donde pasamos las mejores vacaciones con nuestra familia o nuestra pareja, en donde experimentamos una libertad que parecía desconocida. Y seriamente me pregunta, ¿quién no ama el mar? Precisamente sus piezas tienen un pedacito de mar, afirma ella.

Actualmente es posible encontrar sus productos en el Mercado Orgánico de Huatulco (MOH), así que la siguiente vez que veas alguna de sus piezas, piensa en la inquieta Pita, pero además piensa en los materiales que tú podrías reutilizar y darles una nueva existencia. Y también imagina acerca de las pequeñas piezas de madera que estés viendo, la travesía que recorrieron para llegar a tus manos y que de ser una materia inerte, han recobrado vida nuevamente para trasladarte a esas memorias en Huatulco o en algún otro lugar similar, y como pregunta Pita, ¿quién no ha pasado algunos de los mejores momentos de su vida en el mar?