Entre mujeres: amistad, sororidad, resistencia

Muchas mujeres aprendemos a través de las dinámicas familiares las terribles reglas que el género nos impone y a través de los cuales se perpetúan la desigualdad y la violencia: el deber de cuidado, la obligación del trabajo en el hogar, el matrimonio como meta de superación, y también, que las mujeres no podemos ser aliadas, “que el enemigo más grande de una mujer es otra mujer”.

 Yo tuve la fortuna de ser criada por una madre y un padre más libres en muchos aspectos sobre los roles de género impuestos socialmente. Desde muy pequeña tuve la libertad de elegir mis intereses, mis actividades y mis creencias.

Tengo muchos recuerdos de mi vida siendo una niña de guardería, pero uno muy claro es el día que me burlé de la falda de otra niña y por mi burla verla romper en llanto.

Me queda claro entonces, que crecí aprendiendo cómo relacionarme con otras mujeres a través de las dinámicas escolares y de mi contexto social. Este conjunto de elementos se consolidaron en experiencias tóxicas, sobre todo en el plano emocional; competencia, humillación, celos… palabras clave en mis relaciones de amistad, o mejor dicho de poder, con otras mujeres durante mis primeras dos décadas de vida.

Esta red es lo que muchas llamamos sororidad, la relación entre mujeres de forma solidaria, la relación entre mujeres como acción social.

Pocos veranos han pasado desde entonces pero cada verano ha devenido en nuevas amistades, o como lo veo ahora, nuevas uniones a la red de empatía, de protección y también de defensa. Esta red de mujeres se ha transformado en una zona de resistencia para entender y analizar los problemas en común que como mujeres vivimos día a día, en distintos países.

Esta red es lo que muchas llamamos sororidad, la relación entre mujeres de forma solidaria, la relación entre mujeres como acción social.

A través de la sororidad entendí que ser mujer en tecnología me hace la excepción de la regla, esa regla que le cierra la puerta a las mujeres a través de socializaciones tan absurdas como que nosotras no estudiamos computación porque no entendemos matemáticas. O tan violento como que las mujeres no debemos acceder a ningún nivel de educación porque nuestra única función es ser madres y cuidar a la familia.

Nacer mujeres nos pone en desventaja desde el día que nacemos. Nacer mujeres implica tener menos oportunidades, tener menos seguridad financiera, pero también menos seguridad física, emocional y sexual.

Yo encontré una forma de resistir y hacerle frente a estas injusticias con el único objetivo de que las mujeres que estamos y las que vienen tengamos una vida con las mismas oportunidades, con los mismos derechos y sin violencia. Me atrevo a decir que no existe una sola mujer en el mundo entero que no quiera estas mismas cosas, aunque tal vez no vamos a ser todas amigas.

Para Andrea, Teresita y Jamie.

Fuente: huffingtonpost.com.mx

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.