Aventuras de Pao. Mi Aventura en el Río Copalita.

¿Qué hacer un dominguito durante las vacaciones de “semana Santa” en Huatulco? A pesar de que hay bastantes opciones en Huatulco, ya sea irte a broncear a la playa, desayunar con la familia o amigos, tomar uno de los atractivos tours, o hasta lanzarte a una aventura ‘express’ a Puerto Escondido, recomiendo ir al parque Eco Arqueológico Bocana del Rio Copalita.

Yo soy una turista que se enamoró de Huatulco cuando fui por primera vez hace dos años. Soy originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua ¡arriba el norte!.

Después de tomar mis primeras vacaciones en Huatulco en 2016, decidí viajar a la costa oaxaqueña, en abril del 2017, tres meses después, por tiempo indefinido. Al llegar allí conocí bastante gente buenísima onda, entre ellas mi amigo, ahí les va el papel que toma él en esta historia: Ese día me desperté con un alerta del “Whats” a las 8:30 a.m. y era mi amigo alentándome a salir de la cama, el mensaje me invitaba a salir de la rutina con cuatro opciones, la primera era irnos a Punta Cometa, la segunda Mazunte, la tercera Salina Cruz y la cuarta al Río Copalita, como ya había estado en Huatulco dos semanas y mi piel estaba mega quemada e irritada de estar tanto tiempo en la playa se me antojaba el río fresco, así que decidí irme por la cuarta opción. Nos vimos a las 10 de la mañana en La Crucecita y ahí vamos en el vochito blanco de Jorge. Al llegar nos estacionamos en un restaurantito y caminamos hacia dentro para llegar al río. El lugar está lleno de árboles así que dejamos las pertenencias colgadas en uno de ellos. Cuando te vas a meter a la orilla del rio te llenas los pies de lodo, el agua si mucho te llega por arribita de los tobillos, el agua dulce del río me cayó de pelos ya que se sentía fresquita.

Había personas que andaban en donas inflables dejando que la corriente las llevara, niños jugando, y personas como mi amigo y como yo que simplemente iban a sentarse para refrescarse un poco. Estaba tan a gusto el día y el agua tan fresca que se nos fueron cuatro horas platicando sin sentir el calorón del sol. Cuando nos dimos cuenta de que ya teníamos las yemas de los dedos echas pasita y el hambre ya calaba en la tripa nos salimos a comer la chatarra que habíamos comprado en el Chedraui y aparte compramos unos tamales de mole que andaba vendiendo una “seño”, que por cierto estaban buenísimos. Cuando regresamos del río y llegué a mi cuarto, me metí a bañar y al verme en el espejo tenía toda la cara, la espalda y los hombros rojísimos, me ardía todo el cuerpo, pero valió la pena porque visité un lugar bellísimo que siempre voy a recordar con mucho cariño por la compañía y por su misticismo. Para resumir mi historia, Huatulco está lleno de lugares fregones y si vives o sólo estás visitando Huatulco asegúrate que visites el Parque Eco Arqueológico Bocana Río Copalita.

 Colaboración: Paola Raelz. 23 años, de Ciudad Juárez, Chihuahua. Vive en la frontera El Paso, Texas.

Lic. en Psicología. Dedica mucho de su tiempo en el arte. Le gusta expresar sus emociones por medio de la escritura ya sea en canciones o poemas. Le apasiona cantar, tocar la guitarra y también ir a la biblioteca a leer. Recientemente se unió a un grupo de teatro ya que es algo que también le inquieta. Le gusta mucho estar en contacto con la naturaleza, ir al parque a correr o simplemente meditar al aire libre.
“Me encanta ir a Huatulco porque siempre que voy conozco a gente increíble. Huatulco es un lugar que me hace sentir feliz, tranquila y me da esa privacidad que necesito cuando quiero desconectarme un rato de la rutina.”